Ubicada en la zona de Los Callejones en San Pedro Garza García, Casa Santa Mónica se levanta sobre un terreno de más de 700 m² bajo un esquema de dos niveles que separa lo social de lo privado. Lejos de quedarse en lo convencional, la vivienda retoma la esencia del habitar tradicional y la transforma en un lenguaje radical.
La casa se distingue por un volumen principal que flota sobre la cochera, recubierto completamente en piedra Lucerna de apariencia húmeda. Esta volumetría aporta solidez y sobriedad al conjunto, mientras que el nivel inferior funciona como base que equilibra la composición. De esta manera surge un contraste entre peso y ligereza, donde la vivienda se percibe como un espacio que resguarda y, al mismo tiempo, se abre.
El acceso principal se anuncia mediante un pórtico de doble altura acompañado de jardineras, árboles y un espejo de agua contenido por un muro de concreto aparente, generando un espacio de contemplación al llegar. En él se integran esculturas del artista Daniel Serna, reforzando el carácter identitario del lugar.
Del espejo de agua emergen elementos verticales que forman una celosía que cubre la escalera principal, la cual se oculta también tras un muro pantalla del volumen superior para garantizar privacidad.
El área social se organiza en sala-comedor con altura y media, lo que amplifica la sensación espacial. Un ventanal de extremo a extremo conecta directamente con la terraza ubicada bajo el volumen superior. Interior y exterior se conectan en un mismo ambiente social, logrando apertura hacia la naturaleza sin perder el carácter introspectivo.
La escalera principal, recubierta en madera y anclada a un muro central de piedra Lucerna, refuerza la identidad material del proyecto. El recorrido está acompañado por la luz filtrada de la celosía y la presencia del espejo de agua, generando una atmósfera de transición entre lo íntimo y lo público.
En el segundo nivel, la estancia familiar distribuye el acceso a recámaras, estudio, gimnasio y áreas de servicio. Este espacio recibe luz indirecta proveniente del ventanal de la escalera, que actúa como un eje visual que conecta ambos niveles. La recámara principal se abre hacia la Sierra Madre mediante un ventanal que enmarca su horizonte. En el baño, una ventana corrida permite contemplar la silueta del Cerro de las Mitras, integrando el paisaje a la vida cotidiana.
Casa Santa Mónica materializa la dualidad radical: rescata la tradición regiomontana a través del agua, la sombra y el arte, y la transforma en un lenguaje arquitectónico contemporáneo que explora la relación entre masa y vacío, entre privacidad y apertura. Es una vivienda que resguarda y se expone, que permanece y se renueva, convirtiendo lo cotidiano en una reflexión hacia el futuro.